Por fin, una tarde feliz y calmada después de tanto desasosiego. Tres puntos que alejan el peligro, la victoria en casa que tanto se echaba en falta, cinco goles en 45 minutos. y mucho alivio, tanto que el personal se animó a hacer la ola frente al modestísimo Numancia, casi como en los días gloriosos de la temporada pasada. Al Racing le hacía falta encontrarse con un equipo más frágil que él mismo, uno que al primer gol se resignase a su condición de descendido y a propiciar un paseo militar.
Lástima que la debilidad numantina y el accidente del inicio no permitan evaluar los cambios introducidos por Muñiz en defensa. El azar castigó sin piedad a Moratón el día que volvía al equipo y recompensó a Oriol por la probable injusticia de hacerle culpable de la debacle de Riazor. Ya sabemos que todo el margen de error está reservado para Garay. El regreso de Pinillos es una buena noticia en tiempos de zozobra, pero es tremendo que sea para ocupar el lateral izquierdo con dos hombres de ese puesto descansando en el banquillo. Lo mejor: el crecimiento de Luccin, con la visión y el toque de siempre, pero con mucho más recorrido y un buen gol. Y Serrano, intenso y con la puntería afinada, en esa secuencia suya de lucir en casa y apagarse fuera. Y Zigic, claro, con una pasmosa efectividad que debe hacer mucho daño en Valencia estos días.
Ya que hablamos del Valencia que llega el domingo y de la obligada ausencia de Zigic, a lo mejor se podría haber aprovechado el insulso segundo tiempo de ayer para, además de probar a Canales, darle también media hora a Berrocal, el único delantero centro disponible, que ya se ha estrenado como goleador en Primera y que necesita rodaje. Seguramente Muñiz se propone alinear a los pequeños pero manejar una segunda opción nunca está de más. A lo mejor, a Colsa no le hubiera importado. Jesús Serrera
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